Tema 21: La ley, la conciencia y el perdón

Serie: Aprendiendo de Jesús en el Evangelio de Juan

Texto: San Juan 8:1-11 Y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Verdad central: Son verdaderamente felices aquellos a quienes Cristo no condena

Introducción: La humanidad en que vivimos es tan compleja primeramente por ser una humanidad esclavizada en el pecado, destituida de la gloria de Dios, sujeta a limitantes, etc. Esto mismo ha llevado a la humanidad a cometer una serie de faltas vergonzosas y condenables para la misma sociedad, las cuales sin embargo, los seres humanos se disculpan diciendo o aparentando que tienen menos faltas que otros para desviar la atención de la gente hacia otras personas y no  a ellos. Es muy común que el acusador parece ser un “justo” y el acusado alguien digno de condenación. Veamos un caso interesante en la presente porción.

Desarrollo del mensaje

  1. 1.    El contraste entre los piadosos y los injustos (vrs. 1-5). Jesús es el ejemplo por excelencia de la vida piadosa. Un buen ejemplo es que fue al monte de los Olivos, y luego por la mañana volvió al templo. Por lo general Jesús se apartaba a los montes a orar, y luego viniendo del monte regresa al templo a enseñar.  Esto sí que  es un precioso ejemplo de ocupación piadosa y una persona que se ocupa en la piedad, no tiene tiempo de andar pendiente de la vida de otros. Al contrario la gente holgazana, se ve tipificada en la turba que traía a una mujer que había sido sorprendida en el acto del adulterio. El adulterio raras veces se comete a la vista de la gente, por lo general los adúlteros buscan la forma de no ser descubiertos y el hecho que hayan descubierto a esta mujer, da la impresión que estos holgazanes se habían tomado el trabajo de vigilarla y de estar pendientes de ella, y no es porque fueran celosos de la ley, si no porque eran cínicos pecadores y violadores de la ley,  quienes andaban a la cacería de alguna víctima a quien acusar para aparentar su “celo por la ley”, y así ellos aparecer como justos y que no se descubriera lo pecadores que ellos eran también. Fue así como después de algún tiempo de andar tras la pesquisa de esta mujer que la encontraron como ellos querían. Esto les serviría para aprovechar al mismo tiempo para poner a prueba al Maestro para ver que tan dispuesto estaba a quebrantar la ley. Según la ley de Moisés el adulterio se castigaba con muerte y ese era el reclamo de ellos, indicando que  la mujer tenía que ser apedreada. Un detalle que llama la atención es que el hombre con quien la mujer comete adulterio no es traído junto con ella.
  2. 2.    La ley y la conciencia (vrs. 6-9). Ante la insistencia de ejecutar a la mujer, Jesús mismo no se prestó a ser juez si no que apeló a la misma ley para que esta fuera juez no solo de la mujer sino de todos, aun de los acusadores, y por eso les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, en otras palabras, Jesús no quebrantó la ley, sino que aprobó que fuera apedreada pero bajo la condición que sus acusadores estuvieran sin pecado, y ante dicha propuesta, lo que recibieron sus acusadores en su conciencia fue una contundente bofetada que los hizo sentir tanta vergüenza procediendo a retirarse uno por uno en silencio, tanto que ni el Señor se dio cuenta hasta que levantando los ojos vio a la mujer sola. Tal contundencia tuvieron las palabras de Cristo que penetraron hasta lo más íntimo de la conciencia de los que estaban allí presentes.
  3. 3.    La gracia de Cristo (vrs. 10-11). Al ver Jesús a la mujer sola le pregunta si sus acusadores no la condenaron, a lo que la mujer respondió que no, entonces Jesús le dice: “ni yo tampoco te condeno; vete, y no peques más”. Sus acusadores no la condenaron por vergüenza, ya que se sintieron redargüidos e indignos de condenarla, Jesús no la condenó por el hecho que es el único que tiene autoridad de perdonar pecados y de dar salvación a los que andan perdidos

Aplicación: Este es un clásico ejemplo de perdón y de misericordia para el pecador. Vivimos en un mundo que se presta mucho a juzgar y a condenar según sus propios criterios, pero que lo que ellos condenan, es también lo que los condenará porque no hay justo ni aun uno, y porque todos han sido destituidos de la gloria de Dios a causa del pecado.   Por lo tanto ningún pecador tiene la potestad de juzgar ni de condenar. Allegarse a Cristo es refugiarse en Aquel que tiene misericordia y que de seguro no te condenará, sino que te perdonará. Aunque se trate de pecados que el mundo te haya señalado y te hayan denigrado, Jesús te perdona.  Gracias a Dios por Jesús, su Hijo, quien murió por nosotros en la cruz para perdonarnos todos nuestros pecados.

ANUNCIOS: Oremos por nuestra amada Guatemala, nuestra Iglesia y los necesitados.  Oremos por todos los convertidos y hermanos que se han unido a la Iglesia como un acto de profesión de fe. Seamos ejemplo de consolidación y cuidado de los hermanos nuevos.  Esta es la labor de nosotros como líderes de la Iglesia de Cristo en esta Tierra. Es nuestra misión de vida.  Es importante que llevemos a la Iglesia a todos los hermanos de los G7, que los inscribamos en la Academia Melquisedec y   animémoslos  a que se bauticen en agua.  Oremos asimismo por la juventud de la Iglesia, que el retiro-campamento sea un éxito rotundo, así como la ida al Congreso Juvenil Internacional de Iglesia Palabra Fiel.

 

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